domingo, 1 de julio de 2012

Opinión: Eso no quiero hacerlo…


Muchas veces escuchamos historias realmente nefastas sobre casos en nuestro país y en el exterior donde rescatistas, bomberos, socorristas y hasta miembros de fuerzas de seguridad y militar, han tenido que realizar una maniobra o acción de extremo riesgo en contra de su voluntad. Claro está que en una estructura verticalista profesional (sobre todo a nivel militar o fuerzas de seguridad), el no acatar una orden no es admisible en la mayoría de los casos; sin embargo pocos conocen verdaderamente los alcances de la ley marcial o militar o reglamentos de una fuerza los cuales por lo general (en la mayoría de los países del mundo) estipulan los fundamentos razonables para omitir una orden directa de un superior.

La idea no es negarse ante cualquier evento que nos desagrade, disguste o nos ponga incomodos, ya que la naturaleza de nuestras actividades es lidiar con riesgos y eventos desagradables, es por eso que como muchos suelen decir, ¨Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo…¨ y como profesionales o voluntarios todos estuvimos al tanto de las tareas que desempeñaríamos cuando nos unimos a una unidad de este tipo y asumimos los riesgos inherentes de la actividad.

Existen diferentes leyes federales o estatales en cada país que protegen al trabajador sea cual fuere su actividad y por lo general estas reglas se encuentran contenidas en el código o régimen laboral o bien en la legislación que compete a la Salud y Seguridad Ocupacional. Muchas de estas leyes le dan al trabajador el ¨derecho a rehusarse¨ o negarse a realizar una tarea o trabajo peligroso, sin sufrir por ello represalia o acto disciplinario alguno. Esta es una importante protección para el trabajador, pero también es una medida de ¨ultimo recurso¨ que este tiene. Se espera de cualquier trabajador que el mismo tolere algunos niveles de desconfort e inclusive dolor en algunos casos, donde el derecho a rehusarse debe ser empleado por éste como ultimo recurso si existe un peligro real o fundamento razonable contra su seguridad física fuera de los ¨riegos calculados¨ o márgenes de riesgo que cada actividad encierra.

Si bien puede ser una decisión arbitraria, por lo general se debe tener un conocimiento de causa sobre la actividad que uno realiza para poder aplicar este derecho y poseer un ¨criterio profesional¨ para dilucidar cuando una tarea específica es solo meramente poco confortable a cuando esta se torna en un peligro potencial o directo para usted u otras personas a su alrededor. Aquí es donde la palabra ¨criterio¨ entra en juego y como nombraba anteriormente, el criterio se adquiere con el conocimiento, la experiencia y la practica de una determinada actividad.

E escuchado casos a lo largo de mi carrera, donde muchos salvaron sus vidas por milagro o bien otros resultaron severamente heridos especialmente durante una practica de rescate (más que durante una misión real) al acatar una orden la cual claramente infería un riesgo mayor al estipulado por alguna razón o factor.

Como este artículo se trata de rescate, no quiero entrar en terrenos castrenses donde por lo general (y más aun en los casos de las fuerzas especiales), el ¨acto patriótico¨ o acto de arrojo, es a veces una variable conocida por los operadores y reconocida por la fuerza y el estado. En este caso, quiero referirme a los innumerables casos a los cuales e asistido personalmente, donde ¨instructores¨ inescrupulosos o bien superiores o directivos han puesto la vida de muchos rescatistas en juego durante entrenamientos o misiones.
Entonces, cuando debemos rehusarnos a realizar una tarea? Lamentablemente la ley a veces no es muy clara para responder esta inquietud ya que toma principios muy generales para reusarse a una tarea específica, sin embargo tomamos estos principios básicos como punto de partida en la generación de un criterio unificador de ¨cuando¨ deberíamos renunciar a un acto específico:

Aspectos legales: Legislación, códigos, etc. que prohíban cierto tipo de prácticas, actividades o maniobras. También entran en este aspecto acciones que no estén reglamentadas o prestablecidas en el reglamento de su unidad.

Arbitrariedad: Negación individual por parte de un tercero o colectiva en la realización de una acción determinada en la cual usted comparte las mismas razones y/o criterio.

Desconocimiento de Causa: Tarea en la cual usted no ha sido instruido, entrenado o no posee la suficiente experiencia para realizarla.

Dirección/Directiva inadecuada: Cuando su superior carece del conocimiento de causa o una tarea especifica o bien cuando una orden le fue impartida y esta no ha sido clara o bien directamente es  confusa. Clarifique este aspecto hasta entender la tarea que debe realizar y de no hacerlo o no sentirse seguro en la misma, rehúsese a realizarla.

Criterio personal: Cuando su experiencia y/o formación profesional le dan suficientes razones para no realizar determinada maniobra.

Equipamiento: Inadecuado, dañado, vencido, sin normalizar/certificado o menor rankeado para determinado peso o fuerza para la tarea prevista.

Limitaciones físicas: Sobrepeso, tamaño corporal, restricciones físicas, enfermedad, etc.

Peligros foráneos: Peligros biológicos, químicos, radiológicos, animales o ambientales los cuales se anexan a una misión de rescate y para los cuales no está usted preparado o equipado para reducir o anular dicha amenaza.

En situaciones donde podamos sentarnos y evaluar el panorama, es importante buscar y analizar casos del pasado de otras unidades o de la experiencia de terceros para justificar ciertas arbitrariedades. La mayoría de los profesionales se toman el tiempo para analizar estos casos para inclinarse por una decisión o por lo menos es lo que yo e aprendido en todos estos años. Claro esta que como nombrase al inicio de este artículo, hay cosas a las cuales no podemos negarnos aun siendo un peligro inherente. Un caso típico para ejemplificar esto, sería el de un policía que se niega a patrullar un barrio peligroso porque este podría ser asesinado. Si bien esto también es arbitrario, es aquí donde las medidas de seguridad pueden aplicarse para reducir el riesgo de esta tarea (Ej.: Enviando refuerzos, un compañero de tareas, mejor capacitación, una patrulla con mejor protección balística, etc.). A lo que me refiero, es a la tarea en sí a la cual se supone hemos sido entrenados y capacitados, pero ante todo nos hemos ofrecido para tal a sabiendas de los riesgos de la misma.

El derecho a reusarse se justifica solo cuando una tarea posee un riesgo real, no es suficiente que meramente exista una disconformidad. El problema es establecer cual es la línea entre disconformidad y peligro y establecer los limites seguros para un trabajo especifico. En muchos casos, la simple reingeniería de una tarea puede darnos una solución efectiva para continuar con el mismo.

Por ultimo, he visto muchas veces en Latinoamérica que existe una escuela (al mejor estilo militar Prusiano), donde se exige y se empuja a un cursante o bien a un subalterno a realizar una tarea ¨porque yo lo digo!¨. En una cadena de mando (aun en un equipo civil de rescate), muchas veces se deben acatar órdenes (sobre todo durante una emergencia) en las cuales no se puede obtener más información por razones de apuro u operatividad. En ese caso si usted encuentra una disconformidad en algún punto, el Debriefing o Descompresión luego de una misión es el terreno ideal para ahondar más en que sucedió, como se dió esa orden y mejorar la comunicación en el futuro. Esto debería pasar en lo posible durante los entrenamientos para no tener un corto circuito en el terreno real durante una emergencia; pero a lo que me refiero es que una orden porque nos desagrada la persona que la emana o porque nos ha parecido prepotente, algo arbitraria o despótica, no puede ser una razón fundamentada para no acatarla.

Tenga mucho cuidado cuando elije donde quiere realizar cursos, quienes los dictan, que experiencia y credenciales poseen y cuando se una a un grupo de rescate u organización. Individualice y conozca el currículo de sus miembros, experiencias y casos de éxito como también fracasos para tener un panorama de cual es el nivel del mismo.

El apuro o la velocidad, solo se le puede exigir a una persona competente y con el debido entrenamiento. No se deje llevar por el apuro de los demás o las presiones de tipo ¨militar¨, las cuales han comprobado no ser útiles en la vida profesional de un rescatista, excepto en operadores con experiencia y alto nivel educativo.

Como siempre me suele pasar, creo que este tema da mucho para escribir al respecto, pero la idea es despertar en el lector un modelo a seguir en su esquema de toma de decisiones. No deje de leer estos artículos relacionados, los cuales seguramente serán de su interés:


Inst. Facundo García
Capitán / Comité Directivo
GOER – Argentina


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